Golpe de Estado del 1973

La mañana del 11 de septiembre del 1973, la historia de miles de personas cambió rotundamente.

Luego de la toma militar de Valparaíso y la comunicación de un posible golpe de estado, Salvador Allende se dirige al palacio de la Moneda a eso de las 7:30. Minutos después, se escuchan en todos los hogares la intervención radial por parte de Augusto Pinochet, en donde se daba el aviso de la sublevación de las Fuerzas Armas en contra del ‘‘gobierno marxista’’, dando paso al primer ataque terrestre en contra del edificio presidencial.

Cerca de la once de la mañana, mientras el edificio se encontraba totalmente custodiado por el Ejército, Allende se dirige al pueblo mediante la Radio Magallanes, cuya transmisión era la última en no ser interceptada por lxs militares, ahí da el conocido ‘‘último discurso’’, en donde da a conocer que no renunciará y se mantendrá firme en su cargo.

Al mediodía, aviones Hawker Hunter despejan en dirección a la Moneda, y luego de sobrevolar el lugar, atacan con cohetes ‘‘rockets’’ el edificio durante 15 minutos, destruyendo gran parte de la infraestructura y ocasionando incendio dentro del recinto.

Minutos después, militares encontrarían el cuerpo muerto de Allende, junto a su AK-47 regalada por Fidel Castro.

Desde ese momento, cambio rotundamente la historia, empezando diecisiete años de torturas, asesinatos y desapariciones forzosas por un régimen fascista, el cual perdura hasta el día de hoy en una Constitución que mantiene reprimido al pueblo, negándole a libertad a las personas y llenando de pena a aquella gente que hasta el día de hoy no encuentra justicia por sus familiares asesinadxs, viendo como lxs causantes de estas masacres siguen gozando de privilegios, siguen gozando de libertad, la libertad que nunca existió para el pueblo.

En memoria de todas las víctimas de la Dictadura Militar y su legado que aún perdura.

 

Claudia López Benaiges

El día 11 de septiembre de 1998, mientras se realizaban múltiples manifestaciones en conmemoración al Golde de Estado del 73’, en la población La Pincoya un grupo de jóvenes encendían barricadas con el fin de sumarse a las distintas convocatorias que habían surgido. A raíz de esto, surgió enfrentamientos entre encapuchadxs y Fuerzas Especiales, estos últimos disparando una ráfaga de sub ametralladora, hiriendo de dos jóvenes y asesinando de manera instantánea a otra.

La joven impactada en la espalda fue identificada como Claudia López Benaiges, estudiante de danza en la Academia de Humanismo Cristiano, apasionada por la poesía y seguidora de la filosofía anarquista, quien se atrevió a salir a la calle a conmemorar a todxs sus compañerxs asesinadxs en Dictadura.

La prensa y el gobierno se encargaron de desmentir el asesinato, con la excusa que dicho disparo fue mal ejecutado por unx de sus compañerxs, comprobándose posteriormente que esta versión era totalmente falsa, ya que vecinxs de la localidad encontraron el cartucho de la bala disparada por la policía.

Hasta el día de hoy nadie a dado respuestas por el asesinato de la compañera Claudia López, convirtiéndose en una víctima más de la falsa democracia instaurada por el estado chileno.

Vuelos de la Muerte

Durante la Dictadura Militar, uno de los métodos más secretos para asesinar a aquella gente opositora era los denominados ‘‘Vuelo de la muerte.’’ Estos consistían en trayectos realizados por helicópteros Pumas de las Fuerzas Aéreas en donde lanzaban personas vivas hacia el mar con el fin de matarlos sin que quedaran rastros de ellxs. Este método fue planeado y enseñado a militares durante la estadía de la Escuelas de las Américas, y ocupado también en países tales como Argentina y Uruguay que, a diferencia de Chile, fue ocupado de manera reiterativa como método de ejecución.

Dichos hechos comenzaban con la inyección mortal de cianuro, quema de rostros y partes distintivas de cada víctima, estas acciones realizadas por el doctor Osvaldo Pinchetti y la auxiliar Gladys Calderón. Posteriormente eran amarros junto a rieles para ser metidos a sacos paperos, los cuales iban envueltos con más alambres, y luego ser trasladados en camioneta hacia el Aeropuerto Eulogio Sánchez donde eran esperados por helicópteros Puma sin los asientos correspondientes y el tanque de combustible adicional.
Los helicópteros se dirigían a las costas de la región de Valparaíso, principalmente a la zona de Quintero, en donde al llegar al sitio acordado, el piloto colocaba la máquina en vuelo estacionario y daba la orden para proceder a tirar a las personas por la escotilla.

Según testimonios, se realizaron más de una cuarenta de viajes a la altamar, toda esta información siendo casi inexacta, pues todxs lxs militares que fueron responsables de llevar a cabo estas prácticas hicieron un pacto de silencio, el cual fue roto en 2014 por el suboficial en retiro, Juan Guillermo Orellana Bustamante, quien estuvo presente en el asesinato de Ceferino Santis, Luis Norambuena y Gustavo Farías.

Septiembre Negro

¿Por qué celebras a la patria?, si en nombre de tu patria se han exterminando mestizos e indígenas que eran raptadxs para luchar por los intereses de la oligarquía. Celebrando una junta de gobierno que le rendía tributo a un rey. Celebrando la supuesta consagración del gobierno de Chile, que años después acabo con múltiples culturas como lxs selk’nam, y que hasta el día de hoy siguen intentado exterminar al pueblo mapuche que defiende lo que ustedes le usurparon.
Le rindes tributo a tu bandera, tu bandera manchada de la sangre de miles de jóvenes guerrillerxs en contra de una Dictadura Militar que perturbó la tranquilidad de un once de septiembre, manchada con el sudor de lxs obrerxs de salitreras y que fueron asesinados en la escuela de Santa María; manchada con las lágrimas de niñxs indígenas separadxs de sus familias para servir como esclavxs o ser expuestxs en museos europeos.
Te quitas el sombrero por falsos héroes, por un mestizo de apellido O’Higgins, que sediento de poder obligó a adultxs y niñxs pobres a luchar por lo que hoy llamas independencia. Cantas el himno por tus glorias navales, las mismas que disparan balas a lxs habitantes de las zonas de sacrificixs, y que décadas atrás mataban a jóvenes universitarixs en los cerros para silenciar su insurrección ante un régimen copiado exactamente de la mano de Portales y O’Higgins.
Alzas tu pañuelo para dar tu paso de cueca, cueca copiada de ritmos africanos y europeos; elevas tu volantín, el mismo que ocupaban lxs niñxs chinxs para recrearse; y celebras como un descerebrado la clavaba de una espada en el torso de un indefenso toro, al igual que algunxs imbéciles de las lunas españolas. Tu falsa patria que no tiene nada de nuevo.
Alimentas tu ego, asesinando animales para satisfacer tu ocio, observando su sufrimiento excusado en supuestas costumbres que buscan defender lo indefendible, porque tu antropocentrismo no te permite bajar de tu burbuja de ”poder”

Septiembre Negro, nada que celebrar…